La identidad nacional y la necesaria educación

Ángel Artiles Díaz/articulista de El Atlántico
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La formación para la ciudadanía debe ser asumida desde la óptica  de la responsabilidad compartida, como tarea individual y colectiva. Desde cualquier nivel de los estratos sociales.  

 La historia da fe y certifica, que la educación ha sido la garantía del conservadurismo y del estatus quo en el proceso de construcción de las identidades nacionales, a los fines de que los discursos ideológicos se estructuren en torno a la esencia de los intereses dominantes y hegemónicos para reproducir los sincretismos religiosos, los valores morales o normas de conducta y, lo más importante: los nacionalismos.  

 La necesaria educación no solo se enfoca en lo formativo para conservar los valores del sistema, sino que para el diseño de la currícula, la escuela debe ir a la calle a tomar en cuenta la realidad y los cambios de los sistemas valorativos, que esta acarrea con ella, para dentro del marco de la flexibilidad ir haciendo las correspondientes adaptaciones epocales en cada grupo humano.   

 Escuela, socialización, construcción de identidad nacional y moralidad, son categorías consideradas determinantes para el desarrollo humano y el consiguiente fortalecimiento de la democracia, ya sea ésta participativa, preferiblemente; o la más socorrida en las naciones subdesarrolladas, la democracia representativa, impuesta en esos pueblos para garantizar la escogencia de las burocracias amaestradas que fungen  como anestesiantes  de las sociedades que todavía depositan sus proyectos de vida en las promesas, como medio para la construcción de ofertas político-partidaristas, por vía de la explotación de  las emociones con el uso muchas veces abusivo de los medios de comunicación. 

 Poniendo en alto relieve la escuela, no desde la atalaya de la formación tradicional, pero sin disminuir su importancia, sino, utilizada como eje transversal que enlace la socialización y el sentido de identidad, para configurar esos dos  procesos y orientarlos a la construcción en valores de sujetos morales moldeados en la interacción y la confrontación continua con todos los agentes de socialización.  

 Un ejercicio primordial de los agentes de socialización es la solución  pacífica de los conflictos que conduce a la paz en democracia, sin que sea necesario  eliminar al otro, porque en la democracia no hay enemigos sino maneras diferentes de pensar al amparo de uno de los más fundamentales derechos: el derecho a disentir. 

 La formación para la ciudadana responsable, no es una carga exclusiva de las aulas en las que deben generarse los laboratorios para la democracia y los espacios de participación y de pensamiento crítico. Y  aunque la formación debe iniciarse en  las aulas, debe contar con el apoyo complementario del hogar,  del barrio como institución social de primera mano, de la ciudad como el todo más inmediato. 

Es tarea de la educación hacer al sujeto social protagonista de su causa, enseñarle a reconocer que para lograr este protagonismo se necesita  fomentar su participación activa y permanente en todo proceso vinculado con su desarrollo, se necesita  además, fomentar su vinculación militante en los asuntos escolares de interés común. 

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