“Violencia del reduccionismo o el reduccionismo de la violencia”

Ángel Artiles Díaz/articulista de El Atlántico
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Criterios màs cientìficos que los de la Real Academia, hacen diversas las perspectivas sobre el factor valorativo de la violencia y la agresiòn, lo cual crea una gran confusiòn conceptual. 

Por ejemplo, los psicòlogos seguidores de los planteamientos de Darwin, aceptan el carácter negativo de la violencia, pero exoneran de ese carácter negativo a la agresiòn, dado que Darwin consideraba que la agresividad es la capacidad de ejercer una fuerza destructiva, necesaria para la conservaciòn de la especie. 

Sin embargo, desde la perspectiva del psicoanàlisis, la agresividad es una pulsiòn tan fundamental  como la lìbido y, como ella, tampoco està (en principio) ligada a un determinado objeto ni, necesariamente, todos sus efectos son negativos. 

En tal virtud, son muchos los psicòlogos valoran la agresión es la manifestación de la agresividad, una forma de afirmarse uno mismo, que de por sì no puede considerarse  ni buena ni mala.  

Hemos visto como los distintos estamentos del saber humano otorgan criterios valorativos diversos a los conceptos violencia y agresiòn, es interesante en esta disgregaciòn de definiciones. 

Los mismos cientistas de la conducta –citados en los renglones anteriores- afirman, con redobles de tambores de fondo, que la violencia es una forma nociva de agresión. 

En ese tenor, Hacker, ha dicho que la agresión es la disposición de energìa humana inmanentes, (constantes) que se expresan en las diversas formas individuales y colectivas de autoafirmación, aprendidas y transmitidas socialmente, y que pueden llegar a la crueldad, mientras que la violencia es la manifestación abierta, manifiesta, desnuda, casi siempre fìsica, de la agresión.  

Esa visiòn de Hacker acerca de la agresividad  es la màs socorrida en boca de teoricistas embotellados, que incapaces de hacer un anàlisis profundo de la violencia, la reducen a esos linderos y la acomodan al nivel rasante de su raciocinio y sus conveniencias, y proyectan la sombra de su intelecto y ejercen la violencia del reduccionismo. Pero este no es el caso. 

Por ese criterio se habla hoy de agresividad para triunfar en los negocios, en los estudios, en el amor, en el ejercicio de una profesiòn; resultando ser una alabanza el calificativo de agresivo excluyendo la valoraciòn negativa del tèrmino. 

El sistema capitalista neoliberal, ha impregnado la idea de que agresiòn es sinònimo de dinamismo, y que la agresividad es una actividad propia del profesional, del ejecutivo, del gerente, del polìtico, y que violento es el marginado que protesta o que delinque. 

Michael Maccoby, en su libro sobre los administradores de las grandes corporaciones, llama a los ejecutivos agresivos “luchadores de la selva”, y pone al desnudo el sadismo con que estos señores buscan derrotar a la competencia mediante pràcticas que puestas bajo la luz adecuada, resultan moral y socialmente inadmisibles. 

Hay que admitir que lo que màs ha perjudicado el debate, y si se quiere, hasta el anàlisis sobre la violencia, ha sido la dignificaciòn que han beneficiado las formas de violencia propias de la sociedad capitalista; se la ha establecido como la perspectiva del poder establecido. 

Se està  creando, concientemente, el reduccionismo conceptual de la violencia, de tal manera que cuando èsta se ejerce en medio de un hogar, es mala, si la ejerce un marginado que atraca, que roba, que mata, es mala; si la ejerce un oligarca encopetado, de nombre y apellido sonoro, estamos frente a un hombre emprendedor que por su exagarado dinamismo, ha cometido un error.  

No hay que irse muy lejos para entender que lo que se està tomando como objeto de anàlisis, es decir, la  materia  violenta que estamos estudiando es el acto contrario o perjudicial al règimen establecido; entièndase la agresiòn fìsica individual, la violancia generada por la delincuencia, la violencia del reclamo de los grupos marginales asinados en los cinturones de miseria. 

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