Educación en el hogar y maltrato infantil

Roque De León, articulista de El Atlántico
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Cuando un ser humano se plantea el libreto y desarrolla el guión para una obra de arte o de cine, escribe un libro, edita un periódico, plasma su sentir en una revista, toma una fotografía, pinta una imagen, publica un post en una de sus redes o simplemente produce y conduce un programa de televisión; al sentarse a disfrutar el resultado de ese esfuerzo, habitualmente siente que pudo ser mejor.

Eso no fue lo que sentimos mientras el día de ayer nos deleitábamos mirando el recuerdo del programa “Imágenes de Éxito” correspondiente al día 02 de septiembre del 2017 que producíamos y conducíamos en compañía de nuestro amigo y hermano Héctor Jerez; donde de manera crítica y objetiva analizamos el brutal asesinato de la menor de 17 años Emely Peguero, peor aún, el hallazgo de los cadáveres de dos adolescentes más, mientras se buscaba el suyo. Sentimos satisfacción, porque hace tres años planteábamos que las causas principales de esos crímenes tienen su origen y motivación en el descuido dentro del ambiente familiar y la tambaleante responsabilidad de nuestro Sistema Judicial.

Muy a pesar de que en el país contamos  con el “Código para el Sistema de Protección y los Derechos Fundamentales de Niños, Niñas y Adolescentes, Ley 130-03”, Tribunales Especializados, Consejo Nacional de la Niñez (CONANI), Comisión para la Ejecución de la Justicia de Niños, Niñas y Adolescentes ( CEJNNA), el Cuerpo Especializado de Seguridad Turística (CESTUR) y el acompañamiento del “Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) eso no ha sido suficiente para que con frecuencia se presenten casos, no sólo de abuso sino de violaciones sexuales y muertes; como es el caso más reciente de la niña de 09 años de edad Liz María que residía en el Ensanche Isabelita, junto a su madre en la ciudad capital.

Como ese, hay otros tantos casos que no se dan a conocer, permitiendo que la pedofilia se desarrolle entre nosotros con gran cotidianidad e impunidad; ya sea por negociaciones entre los familiares de la víctima y el victimario o por negligencia de las autoridades correspondientes.  Con frecuencia, las personas abusadas que no son asistidas adecuada y oportunamente por un profesional de la conducta, están expuestas a sufrir trastornos o desviaciones de diferentes denominaciones.

Es notorio entre nosotros que los más peligrosos pedófilos y posteriores criminales se encuentran estrechamente relacionados al núcleo familiar que sufre la tragedia, y aún así seguimos descuidados y confiados de la cercanía de estos a nuestros hijos.

Se presume que en América Latina 70 millones de niños viven en condiciones de pobreza, y que 2 de cada 3 de estos son víctimas de violencia.  Según un informe de la “UNICEF”, en el mundo 300 millones de niños y niñas viven en situaciones de violencia.  Es sorprendente, ver las estadísticas de la inmensa cantidad de mujeres adultas que afirman haber tenido relaciones sexuales con violencia en su niñez.

Dejamos constancia de que el maltrato infantil es el conjunto de abusos y desatención a que son sometidos los menores de 18 años; incluye maltrato físico o psicológico, abuso sexual, desatención, negligencia y explotación comercial o de cualquier otra índole que amenace la salud, el desarrollo o la dignidad del niño.

Al indagar sobre el origen de las causas y consecuencias de lo anterior, encontramos como respuestas la disfuncionalidad de una parte importante de la estructura familiar, falta de buenos valores dentro del proceso educativo y formativo, violencia intrafamiliar, el hacinamiento y no menos importante es la falta de compartir tiempo de calidad en familia.  Se ha hecho más importante la obtención de bienes materiales, que la familia como centro.

Para combatir este terrible mal social es necesario la acción preventiva con los padres. Hay que desarrollar programas para: elevar la calidad de la  educación y formación en familia, incentivar la concienciación y compromiso para que los cabezas  de hogares no inculquen actividades de adultos a los niños, niñas y adolescentes, como son las vestimentas, el baile, maquillajes, peinados, asistir a ambientes inapropiados y sobretodo, la relación con adultos.

Si en realidad existe una firme intención público- privada de controlar el abuso infantil, muy especialmente el sexual, tenemos que limitar y supervisar la información que los niños, niñas y adolescentes están manejando a través del uso de los equipos de tecnología y el tipo de vestimentas con las que se están exhibiendo, especialmente en las redes sociales.

Los ciudadanos tenemos que exigir a los actores  responsables de aplicar la ley referente a la protección de la Clase Infantil, enfatizando en los destinos turísticos; ser implacables al momento de aplicar justicia a los padres que en complicidad con adultos nacionales y extranjeros, no sólo prostituyen a menores sino que además trafican con ellos.

Es tiempo de actuar!!

ROQUE J. DE LEÓN B. (MAE)

DIPLOMADO EN COMUNICACIÓN SOCIAL INTEGRAL

MIEMBRO DEL: SNTP Y SINLOPP

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