El dilema de Rodón

Ángel Artiles Díaz/articulista de El Atlántico
176 

La sentencia condenatoria en perjuicio de Ángel Rondón no es definitiva

En el grado de apelación, si Rondón asimila su juicio como lo que es: un juicio político, solo tiene que tirar al agua a los pejes gordos que necesita la actual coyuntura política y de seguro que en la apelación que instrumentará el Ministerio Público variará su criterio y su estrategia, porque lo que se persigue no es sancionar a Rondón, sino que éste diga los nombres de los personajes que él sobornó y así se reúnen los elementos constitutivos del delito por el que se le juzga y el gobierno adquiere la oportunidad de sacar del juego político a individuos que huelen a morado podrido y que sin rubor ni pavor se exhiben en la palestra pública, en franco desafío al clamor popular de justicia.  

Rondón puede salir en apelación ventajosamente favorecido en el grado de apelación, si deja de defenderse jurídicamente pidiendo a gritos que le presenten a los sobornados que sólo él tiene anotados en su libreta. 

Si los delata… saldrá premiado. 

Y que no consulte ni a Julio, ni a Eury. Esos dos comerciantes tienen mucho arraigo emocional con los sobornados y, de seguro, le dirán a Rondón que no diga los nombres que él tiene anotados en sus libros de contabilidad. 

En este traumatizado proceso, es verdad sabida, que su esencia no es jurídica sino de genética política. 

Vamos Rondón, dí los nombres, salte de debajo de esa patana…!!  

Comparte